¡A mí Villaverde, no! (II)
Episodio 2º: Las monjas Si ahora a alguna adolescente le propusieras ir a un colegio religioso sólo de chicas durante catorce años quizá se enfadaría (por decirlo suave). Es curioso que lo que más me molestaba de esa situación era el uniforme, sobre todo en junio, cuando llevar esa falda de tergal se hacía insoportable. Te levantabas de la silla con los muslos decorados por el tejido. Ir a un colegio de monjas no es algo a destacar, pero ir a un colegio de monjas en Villaverde te hacía ser blanco de agresiones, ya fueran verbales o no. Estábamos acostumbradas de alguna manera y esto no nos asustaba e incluso hacíamos frente. Cuando ves una pelea femenina dejan de sorprenderte los puñetazos o patadas que pudieran compartir los chicos. Más cuando las chicas tienen las uñas muy largas y llevan cuatro pendientes de aro por oreja. Con 13-15 años nuestro entretenimiento se reducía a cruzarnos al barrio de al lado, a la Ciudad de los Ángeles, nos llegamos a meter en una casa ...



