¡A mí Villaverde, no! (II)

 Episodio 2º: Las monjas


Si ahora a alguna adolescente le propusieras ir a un colegio religioso sólo de chicas durante catorce años quizá se enfadaría (por decirlo suave). Es curioso que lo que más me molestaba de esa situación era el uniforme, sobre todo en junio, cuando llevar esa falda de tergal se hacía insoportable. Te levantabas de la silla con los muslos decorados por el tejido. 

Ir a un colegio de monjas no es algo a destacar, pero ir a un colegio de monjas en Villaverde te hacía ser blanco de agresiones, ya fueran verbales o no. Estábamos acostumbradas de alguna manera y esto no nos asustaba e incluso hacíamos frente. Cuando ves una pelea femenina dejan de sorprenderte los puñetazos o patadas que pudieran compartir los chicos. Más cuando las chicas tienen las uñas muy largas y llevan cuatro pendientes de aro por oreja. 



Con 13-15 años nuestro entretenimiento se reducía a cruzarnos al barrio de al lado, a la Ciudad de los Ángeles, nos llegamos a meter en una casa okupa en Oroquieta y de vez en cuando hacíamos escapadas a la RKO en Moncloa, a Vogue en Fuenlabrada... Nos sentíamos muy malos colándonos en el tren una parada hasta Zarzaquemada para ir a Parquesur. (Me he enterado hace semanas que hay un grupo con este nombre). Una época en la que tus propios vecinos se enganchaban con patines al coche de tu padre mientras decías que no los conocías de nada. 

Mientras tu círculo se reduce a tu barrio no hay discriminaciones ni diferencias. Porque todos somos de allí. Pero por mi parte, había empezado a escuchar Metallica, Guns n´roses... que un amigo de mi hermana le grabó a ella en un cassette. Yo quería vestir siempre de negro, pero apenas conseguí una camiseta que con el tiempo se volvió gris. No había (como digo en el trabajo: salvo error) ningún sitio en el barrio en donde escuchar rock y mucho menos heavy metal. Ya no quería quedarme allí, me sentía fuera de lugar, pero no porque no me quisieran o porque no me aceptaran, si no porque mis gustos diferían de lo que allí se ofertaba. 





Aunque como mencioné mi abuela paterna nació en Madrid, su familia era asturiana. Mis padres comenzaron a veranear en un pueblo asturiano y allí conocí a chicas que vivían en el centro de Madrid. Esto fue muy determinante porque a los 16 años ya no había quien me sacara los fines de semana del centro. Y aquí comenzó el problema de la distancia, ya que me pasaba más tiempo en el trayecto que con mis amigas. Y el pedir más hora en casa no tenía sentido porque el último autobús desde Legazpi a Vilaverde salía a las 10:45 aprox. El trayecto en búho (autobús nocturno) desde Cibeles era lo más sobrecogedor que recuerdo. Lo hice algunas veces siendo más mayor y hubiera deseado la capa de invisibilidad siendo mujer. 

La primera vez que sentí el rechazo hacia mi barrio lo recuerdo perfectamente: A pesar de vivir en una casa decente (y más pulcra de lo que yo misma deseaba) un padre de mis amigas del centro se negó a llevar a su hija a mi barrio. No recuerdo muy bien la sensación, debió de ser enfado e incomprensión. Más tarde entendí que no podía culpar a nadie, mi barrio cuando salía en las noticias estaba siempre en la sección de sucesos.


Stanged- Guns n´Roses

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